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Huertas comunitarias de Curridabat: Cultivos de alimentos, conocimiento y comunidad

Las huertas comunitarias de Curridabat se han consolidado como espacios vivos de sostenibilidad urbana, donde la tierra, el aprendizaje y la organización comunitaria se encuentran para dar forma a una manera más cercana, consciente y colaborativa de habitar el territorio.


Actualmente, el cantón cuenta con 10 huertas activas, verdaderos laboratorios comunitarios donde personas de distintas edades participan en procesos de siembra, cuidado, intercambio de saberes y educación ambiental.


En estos espacios crecen más de 50 especies, entre hortalizas, frutas, hierbas aromáticas y medicinales. Lechugas en siete variedades, zanahorias, tomates, pepinos, repollos, remolachas, cebollas, apio, rábanos, maíz, yuca, papa, chayote y ayote son parte de una diversidad productiva que no solo aporta al autoconsumo, sino que también fortalece la seguridad alimentaria y nutricional desde lo local.


Pero estas huertas son mucho más que lugares de producción. Son puntos de encuentro, memoria y colaboración, donde cada semilla sembrada representa también una forma de construir comunidad, compartir conocimiento y recuperar prácticas que conectan a las personas con la naturaleza y con su propio bienestar.

En ese camino, el primer encuentro de personas huerteras marcó un hito para visibilizar el trabajo colectivo que se desarrolla en el cantón. La instancia permitió compartir experiencias, fortalecer vínculos y reconocer el impacto que estas iniciativas tienen en la vida cotidiana de las comunidades.


Como parte de este proceso nace el Aula de Huerteros y Huerteras, una propuesta orientada a ordenar, proyectar y fortalecer los aprendizajes surgidos desde las propias huertas. Este nuevo espacio busca consolidar una red activa de formación y colaboración en torno a la agricultura urbana.



“El valor de estas huertas va mucho más allá de la producción de alimentos; aquí se construye comunidad, se comparte conocimiento y se fortalece una cultura de sostenibilidad desde lo local. Además, son una herramienta concreta para avanzar en seguridad alimentaria y nutricional, porque acercan a las personas a alimentos frescos, diversos y de calidad, al tiempo que promueven hábitos de consumo más saludables y conscientes”, destacó el alcalde de Curridabat, Errol Solano.


“Con este modelo, reafirmamos nuestra apuesta por comunidades más resilientes, capaces de producir, aprender y organizarse colectivamente para garantizar su bienestar presente y futuro”, agregó.



 
 
 

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